Acabo de dejarlo en su puerta, como todos los días en los que me voy a correr. Él piensa que quedo con él porque quiero verlo, pero en realidad es porque tengo que decirle algo muy importante, y creo que si lo hago antes de correr me ayudará a pasar un poco el mal trago, cuando lo hago no pienso en nada, solo en avanzar hacia adelante, siempre adelante, no importa cómo, ni rápido ni despacio, simplemente hasta el final de la cuesta, cuando me puedo parar a descansar. Entonces vendrán en masa todos esos sentimientos de los que huyo.
Acabo de pararme al final de la cuesta y me siento mezquina por no decírselo. "Lo siento, cariño, pero..." no, cariño no puedo llamarlo, voy a dejarlo y eso no estaría bien. "Me estoy viendo con un chico que conocí el otro día en el concierto al que fuimos, ¿te acuerdas?" no está mal, pero añadiría "pero no hemos hecho nada, no podría hacerte eso" uff, esto no se me da nada bien... ¿y por qué no dejo de ver al chico? vaya, no me lo había planteado. Echo a correr por la cuesta con su voz susurrando en mi oído y el pensamiento rondando en mi cabeza. Inconscientemente corrí aún más rápido, no se si para huír de ese pensamiento o para escapar de su voz. Por si era la segunda opción pasé de canción en el mp3.
Acabo de terminar mi recorrido. Me paro totalmente exhausta. Nunca me había esforzado tanto. Mi conciencia me pregunta otra vez "¿y por qué no dejas del ver al chico?" Pues eso digo yo, ¿qué tiene ese tío que me atrapa tanto? En parte, lo sé, su música, su rara e indescriptible música que ha decidido por su cuenta crearse una casita en cada una de mis células al más puro estilo monopoly, para que cuando oiga las primeras notas de su canción se estremezcan todas a la vez y mi corazón se hinche de felicidad. "Esta canción es para tí, - me dijo - miraba al público y te vi entre toda esa gente, con los ojos brillantes y entonces fue como si estuvieras tu sola, toda la gente que había gritando alrededor desapareció. Justo después, con un sentimiento que exigía a voces ser expresado, me encerré en el estudio y escribí tu canción, con lo mejor que pude sacar de mi, con lo que me inspirabas. La he seguido cantando para ver si te atraía y al final viniste otra vez. Después te conocí. Y luego supe que quería estar contigo." Y, a ver, si es lo más bonito que me han dicho en la vida ¿cómo me voy a resistir?
Acabo de llamarlo para quedar con él y decírselo todo. He estado hablando con el músico y me apoyará. Bueno, si no hubiera aparecido en mi vida todo habría sido más fácil, pero al menos tengo su respaldo para que cuando caiga me recoja.
Llamo al timbre: "¿Si?¿Quién es?" "soy yo" "Ah, sube". Subo por las escaleras hasta el segundo, deseando con todas mis fuerzas que las escaleras fueran eternas y que nunca pudiera llegar hasta su piso. Al final apoyo mi pie en el último escalón. Él ya me está esperando en la puerta. Se le ve radiante de felicidad. Tiempo atrás él había sido mi sol, me iluminaba hasta en las más oscuras y frías noches, pero yo ya era inmune. Ahora era la luna la que guiaba mis pasos. Si es verdad que el músico no era una fuente de abrazos y besos, por eso cuando me los daba eran especiales. Y lo que sentía era indescriptible.
No sabía con qué cara mirarlo, no me atrevía, por miedo a que leyera la verdad en mis ojos, y ver como su luz desaparecía. Al final alcé la cabeza con los ojos anegados en lágrimas. Me besó levemente en los labios, a mi pesar, y me preguntó que me ocurría. Nada - dije yo - me he torcido el tobillo al subir las escaleras.
sábado, 3 de mayo de 2008
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