Pasaron los tres días y la princesa tuvo muy claro que aceptaba el trato. Cerca de la hora convenida fue al lugar donde había hablado con la bruja por primera vez y al cabo de un rato volvió a aparecer.
- ¿Lo has pensado?
- Sí.
- ¿Y bien?
- Acepto.
- Lo haremos así: cuando yo consiga mi parte, te daré lo tuyo.
- ¿Y cómo sé que no me engañarás?
- Dime, niña, ¿qué otra opción tienes?
La princesa triste se quedó en silencio.
- Ya decía yo. Para conquistar el corazón de tu hermano tendremos que hacerlo a la manera normal. Te daré cartas para él y nos concertarás una cita.
- Todo esto me parece tan ridículo…
- Me da igual lo que te parezca, es lo que hay, he observado el mismo proceder en todas las chicas que han salido con él, y no voy a cambiar las maneras.
- Si es lo que piensas…
Durante más de tres meses estuvieron mandándose cartas y viéndose a escondidas. Las demás chicas se volvieron locas al ver que el príncipe no reaccionaba cuando eran ellas las que mandaban las cartas, ni siquiera cuando se acercaban y le declaraban su amor abiertamente. Él se pasaba el día suspirando por el amor de la bruja, que lo había enamorado perdidamente.
Pasó un año más y un día, después de anunciar a sus padres que quería marcharse del reino para estudiar en el extranjero, su hermano desapareció, pero antes de irse le dejó una nota a su hermana diciéndole que se iba con la bruja a disfrutar de su amor, a donde quiera que éste le llevara. La princesa se alegró un tanto por su hermano, pero por otra parte sospechaba que la bruja la había engañado.
Pasó otro año y la sospecha que tenía se había convertido ya en una verdad para la princesa triste, y esto la hacía todavía más infeliz, pues había traicionado su confianza, y además se había llevado a su hermano. Al menos, pensó, él lo estaría pasando bien con ella.
Una noche, mientras dormía, sintió una leve presión en las piernas, y entreabrió los ojos. Al ver a la bruja sentada sobre ella pegó un respingo y se levantó de un salto, con los ojos como platos y el corazón a mil por hora. Después le subió la ira y se puso a despotricar contra la bruja:
- ¿Quién te crees que eres para haber tardado tanto? ¡Yo ya pensaba que me habías dejado en la estacada y te habías largado con mi hermano!
- Lo que tú pensaras no es mi problema, pues aquí estoy. No podía dejar a tu hermano con mi madre tan pronto, tenían que coger más confianza. Ahora mismo él está sentado en su salón viendo las telenovelas brujiles que ponen después de comer. Está enganchadísimo.
A la princesa se le pasó el enfado instantáneamente al imaginarse a su hermano sentado en un sofá, cogido al brazo de una bruja y llorando a moco tendido con las telenovelas.
- ¿Y ahora que hacemos?
- Pues para empezar hacer las maletas. No cojas mucha ropa de abrigo, a donde vamos hace mucho calor.
La princesa triste se vistió rápidamente y le anunció a la bruja que ya estaba lista para irse.
- Está bien, coge mi mano y cierra los ojos, puede ser que te marees un poco.
Y así, cogidas de la mano, aparecieron en la mitad del desierto. El cambio brusco de la temperatura dejó a la princesa fuera de combate durante los primeros minutos. Después se acostumbró.
Miró alrededor y se vio rodeada de lo que le parecieron a ella miles y miles de kilómetros de extensión de arena. Solo de pensar que le podría pasar si se perdía le dieron escalofríos.
También se oían unos tambores a lo lejos, marcando el ritmo de la música. La princesa no conocía ese sonido, de hecho, no conocía la música en ninguno de los sentidos. Nunca había escuchado el trino de los pájaros, ni el canto de la voz de los hombres ni el rasgueo de las cuerdas de una guitarra. Nunca.
Conforme se acercaban más y más a la fuente de la que procedía el sonido, mejor se sentía la princesa triste. Tanto fue así que cuando llegaron a la tienda donde se celebraba la fiesta, la princesa triste dejó de ser la princesa triste. Se quedó en princesa, incluso podría decirse que feliz.
Permaneció en esa tienda muchos, muchos días y aprendió que lo que le hacía ser infeliz era la ausencia de música en su vida.
El día que la bruja le dijo que debían regresar se atisbó en su rostro una sombra de la tristeza ya perdida. No quería volver a ese sitio de silencio monótono y aburrido después de haber conocido la música.
Le dijeron que la música estaba en todas partes, solo debía buscarla, y le regalaron la guitarra que la había estado acompañando.
Cuando volvió a su casa, todo estaba desolado. Sus padres estaban irreconocibles, consumidos por la pena, al ver que su querida hija había desaparecido. La princesa se acercó y les besó a ambos la frente mientras dormían, y así, a la luz de la luna que se colaba por la ventana, tocó para ellos, y tocó y tocó hasta quedarse dormida.
como véis, la historia no tiene final, cada uno puede pensar lo que quiera acerca de qué suceció con el príncipe y la bruja y acerca de si la princesa volvió a ser triste o no. ¿por qué no me contais vosotros a mí el final?
explicación: sé que es imposible que la muchacha no conociera la música pero es así, en su reino no había de eso.
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8 comentarios:
¿Eres tú la princesa?
¿Existe un principe por ahí que ha caído en las garras de una bruja emperifollada y vestida a lo Britney?
Ánimo, me ha gustado tu escrito e imagino que podrás llegar a hacer cosas mucho mejores.
Un fuerte abrazo desde el Otro Lado
Vaya reino más cutre en el que vivía la princesa triste, sin música, sin estopa, sin extremoduro, sin belén arjona... Buah...
Por cierto, no todas las brujas van emperifolladas y vestidas a lo Britney, o son engreídas y prepotentes... Joer, necesito aquí a Morgoth (el otro día me porté super mal con él, pubrete!) para que me defienda de tanta calumnia injusta xD hacia mi gremio xD.
Besos!
al despertarse vio que todo habia cambiado que todo era distinto, sus padres sonreian (ella nunca los vio sonreir) la gente del pueblo bailaba por las calles con los rostros jubilosos, que es lo que pasa, se pregunto la princesa y vio la guitarra, brilaba relucia era una guitarra magica, era la causante de tanta felicidad, la princesa se hecho a llorar de la alegria, reia ,bailaba...(haber si otro continua con el cuento)
linda historia adrianita, besos
pues si hija, un poco cutre... teniendo en cuenta que el hermano veía las telenovelas con su suegra xDD
en fin, en unos sitios tanto y en otros tan poco...
¡wowow! ¡que final! ¡quiero máaas!gracias =D
un beso
Me alegro de saber que no todos son así... que aún quedáis jóvenes (joerrr, ya hablo como mi viejo) con mucho que ofrecer.
Un saludo desde el Otro Lado.
buena historia, acabo de descubrir tu blog y esta bueno, saludos =)
Aqui va mi final:
La princesa permaneció con sus padres y mostró a todos lo encantador de la música, sin embargo al paso del tiempo se dió cuenta que la música y sus efectos era muy poco para ella si si hermano no estaba a su lado. Por otro lado el hermano al estar tanto tiempo al lado de la bruja dió cuenta que había dejado de ser superficial y vanidoso, y se había convertido en alguien de buen corazón pero infeliz sin estar al aldo de su familia, así que regresa a casa. De esta manera la princesa al ver a su hermano regresar se dió cuenta que la verdadera felicidad se encontraba a su lado, en compartir todo con su familia, quienes siempre estaban a su lado, y con la guitarra y la música lograron ver lo mágico de la vida en lo que ya tenían desde hace tiempo... Permanecen agradecidos con la bruja por hacerles ver que todo lo tenían en ellos mismos, sólo era cuestion de valorarlo.
Este mi final, muy al estilo de como yo vivo la vida... quiza cursi, pero me gustó...
Felicidades por la historia Adrianita, es bueno saber todos los puntos de vista sobre la verdadera felicidad..
Un abrazo desde México en América del Norte... dC
muchas gracias =)
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