En la tierra de quien sabe donde, situada donde cristo perdió la chancla, vivía la princesa triste, con su hermano el príncipe, su madre la reina y su padre el rey.
Eran una familia normal, vivían y trabajaban como todo el mundo, el rey y la reina se ocupaban de los asuntos del estado, y sus hijos estudiaban en la escuela de la ciudad.
El príncipe era muy popular entre todas las chicas (y algunos chicos, pero no lo decían por miedo a las represalias) y siempre estaba rodeado de ellas. A él le encantaba ser el centro de atención. Siempre hacia lo imposible para ser el más guapo y el mejor vestido, le gustaba alardear del poder que tenía.
Su hermana, sin embargo, era todo lo contrario, le gustaba más pasar desapercibida y, de hecho, casi nadie sabía que ella era la princesa, pues nunca lo comentaba. La poca gente que la conocía decía de ella que era poco habladora, huraña y siempre encerrada en sus pensamientos, y, sobretodo, que estaba muy triste.
En efecto, la princesa se sentía muy triste porque sentía su vida vacía y carente de sentido, no había encontrado nada que hiciera que mereciese la pena vivir. Muchas veces se perdía por el pueblo, bajo una identidad falsa para buscar aquello que le hacía falta, pero nunca lo encontraba.
Un día de esos en el que fue a pasear se le hizo muy tarde y al cabo de un rato se quedo sola y a oscuras por las calles. Y tuvo miedo.
Echó a correr y de pronto oyó una voz detrás de ella…
- Sé lo que estas buscando, y yo puedo ayudarte
Se detuvo y miró hacia atrás pero no vio a nadie. Asustada echó a correr otra vez, pero algo se interpuso en su camino.
Se cayó de espaldas y miró desde abajo a la figura con la que se había tropezado. Era una bruja.
La princesa triste se quedó sin habla, contemplándola embelesada, era la primera vez que veía una bruja. Se levantó sin dejar de mirarla y la bruja volvió a hablar:
- No entiendo por qué has seguido corriendo después de haberte dicho que estoy dispuesta a darte una solución a tu problema. Eso es una soberana estupidez.
- A mí me han enseñado que a estas horas no se debe hablar con nadie por la calle, que es peligroso.
- Bah, eso son chorradas. Seguro que se trataba de gente a la que nunca ayudó una bruja.
- No lo sé, pero es lo que me enseñaron.
- ¿Siempre te crees lo que te dicen?
- Supongo que sí, no hay razón para desconfiar de la gente.
- ¡Ay, niña mía! Qué poco sabes del mundo, de verdad, debes salir de tu burbuja y conocer el mundo.
- Eso no es lo que corresponde a una princesa.
- No me extraña que estés tan triste, pensando de esa manera.
- Además, yo ya salgo del castillo y voy al pueblo sola.
- ¿Pero a que no has pensado en salir de las murallas?
- … no, nunca.
- Ése es justamente el problema. Mira, quiero que hagamos un trato, yo te ayudo a conseguir lo que quieres a cambio de que tú me ayudes a mí a conseguir lo que quiero.
- ¿Y cómo puedo ayudar yo a una bruja? Se supone que la magia la haces tú, si tu no puedes creo que yo tampoco.
- En los temas del amor no hay pócima que valga, somos tan normales como vosotros.
- ¿Amor? ¿Eso le preocupa a una bruja? Yo creía que vosotras no amabais.
- Mira, niña, tú no sabes nada, solo sabes lo que te han enseñado los cabezas huecas que tenéis como profesores, y ellos no saben nada. Las brujas necesitamos amar para sentirnos vivas. Si no seriamos tan inhumanos como cualquiera de esos monstruos que va por ahí comiendo niños y todo eso. Por ejemplo, ¿la historia de esos niños, Hánsel y Grétel? La bruja que se los iba a comer llevaba más de tres siglos sin echar un polvo, como ves, al cabo del tiempo una se vuelve un bicho.
- ¿Y no hay brujos?
- Oh, sí que los hay, y muy guapos, por cierto, pero se pasan el día encerrados haciendo potingues y con la nariz metida en los libros. Además ellos las prefieren humanas. Así que nosotras nos tenemos que conformar con lo que hay.
- ¿Y cuál es el chico?
- ¿Qué chico?
- Del que estás enamorada.
- Ah, pues mira, seguro que lo conoces, es tu hermano.
La princesa triste se echó a reír, no creía que hasta una bruja cayera en los encantos de su hermano el príncipe.
- No sé de qué te ríes, es muy guapo y encantador.
- Pero es tan, tan… no sé, es el chico al que todas quieren y todos quieren ser sus amigos y ser como él. Básicamente, es más tonto que una patata, muy banal. Sólo le importa su pelo, su ropa y su novia de la semana.
- Y si quieres que te ayude tienes que asegurarte de que yo sea su novia de la semana… que yo me encargaré de que sea por más tiempo…
- No quiero que le hagas daño a mi hermano.
- Puedes confiar en mí, nadie le hará más feliz que yo.
- Y cuando tú ya estés satisfecha, ¿qué harás con el?
- Cuando yo esté satisfecha, él será tan mayor que estará contento de poder estar a mi lado y que yo lo siga amando, porque mientras el sea viejo y decrépito yo seguiré teniendo este cuerpo.
La bruja se apretó los pechos y le guiñó un ojo. La princesa se dio por vencida, su hermano seria feliz con ella, eso seguro.
- ¿Y qué debo hacer? ¿Qué vas a hacer tú para ayudarme?
- Todo a su debido tiempo, mi niña. Dentro de tres días volveré a estar aquí a esta hora. Ven y lo aclararemos todo. Si no vienes daré por hecho que no quieres trato, pero no pasará nada, tu felicidad es decisión tuya.
- De acuerdo. Adiós.
Y tan rápido como vino, la bruja se fue.
la segunda parte en la próxima entrada (si veo que interesa el tema y tal)
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10 comentarios:
eyy no se peude dejar un cuento a medias, es de mala educación eh!!
espero la segunda parte, vale?
mrs. key tiene razón.
además... está el tema de que la bruja debería haberle dicho en vez de no sabes nada, debería haber dicho no sabes nada de nada...es más graciosa esa expresión.
luego está el tema de que el príncipe es un gamba, es decir, lo único importante es el cuerpo...
sí, es mi gemelo.
si te soy sincero, no me gustan los animales, o mejor dicho mi relación con ellos...traumas infantiles con perros y tal...
y no me gusta demasiado la medicina porque creo que no serviría para salvar vidas, no sé, soy muy de letras, pero no sé, para nada especialista en algo. filósofo a secas.
deberías ponerle título al cuento!! ¿qué me dices?
algo tipo... el príncipe guaperas y la princesa autista.
un besazo, espero la continuacióN!
lo que al principio dice que sentía la princesa... bueno eso es Horacio Oliveira, o yo mismo, horacio es el protagonista de Rayuela, la mejor novela que he leído nunca. de Cortázar. léela si quieres. pero no sé si será muy dada parar que la leas ahora... bueno léela, yo la lei hace medio año, pero claro, hay un salto muy grande de primero al final de segundo, o almenos yo de leerme exámenes, trabajos, poemas... veo un salto abismal. pero ya sabes lo que dicen, que las chicas sois más maduras...
(aunque yo tampoco entro en el tipo de chico habitual. me gusta hacerme el interesante y el diferente xd)
me dais permiso para entrar en vuestra conversación?
aquí estamos muy variaditos en lo que a estudios se refiere, adriana ciencias, tu letras, y yo artes. Al contrario que a él, a mi em encantan los animales y la medicina, será mi profesión frustrada, pero los numeros y yo nunca hemos podido vernos...
Quizá no os haya gustado que me haya entrometido en la conversación, si es así, mis disculpas.
puse aqui un comentario pero se borro! me esta fallando internet.
mrs.key, no te has entrometido para nada :P
la verdad es que odio los numeros cuando no los entiendo.. pero para entenderlos tengo que estudiar* uff, que rabia xD
un beso
Pos yo soy de ciencias, y creo que la medicina salva las vidas que la mente quiere vivir ;)
Me acabo de enterar de que eres la cuñada!!
Acábalo, besos
...y yo soy de sociales!!! Y bruja. Curso primero de Brujolojía, por cierto. Como me dijo Morgoth, la historia me recuerda (nos, en este caso) al post que colgué en el cumple de Lorena...
Y bueno, ahora que sabe que somos cuñadas parece ser que todo deja de quedarse en casa... :/ En fin, es lo que tiene Barcelona, que cuando llegas te planteas de dos formas la vida... o te paras o empiezas a correr, ¿qué hago?
Un abrazo para la cuñadisima!
jajaj, si, soy la famosa cuñada, novia de nadie xD
un beso
Hola, yo (de entrometida también) soy de ciencias sociales, pero me encantan las matemáticas, se me hacen muy lógicas..
Respecto a la historia, si me interesa mucho leer el final, sólo se me hace hasta ahorita una historia muy típica en mi país, excepto. Las mujeres demasiado ingenuas, los hombres altaneros y engreídos.. Espero que la bruja haga algo con ellos..
un abrazo desde México en América del Norte.. dC
me estais asustando entre todos! no hay final, solo continuación de la historia.
dc othersite:
la verdad es que el hombre que sale aqui es el ingenuo y más tonto que una piedra y la bruja es la altanera y engreida, lo que pasa es que a la princesa le falta un "hervor".
un beso
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