De ninguna de las maneras, no, me niego, en redondo, además. Vas sobrevolando la zona, intentando encontrar una zona en la que aterrizar dentro de la fortaleza de mi cabeza. Te acercas por los ojos, la boca, los oídos.. y te espanto como el que da manotazos al aire para alejar los mosquitos que intentan llegar hasta la carne y agujerearla con el aguijón.
No estoy dispuesta a que el mosquito(tú) deje su marquita en mi piel, ni a que me pase días, meses, años, rascando la picadura.
He de reconocer que, si estoy escribiendo esto, es posible que ya llegue tarde, que me hayas alcanzado, pero aún puedo aguantarme las ganas de rascar.
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