sábado, 15 de marzo de 2008

Vacaciones

Ahora que tengo tiempo, ahora que mis preocupaciones se han reducido casi a la mitad, puedo pensar claramente.
Ya no hay distorsiones en mi cabeza, todo llega en forma de un agradable zumbido que no molesta en absoluto, incluso relaja.

Tranquilidad.

Zumbido sonando.

Felicidad por el viaje que me espera, porque te has dedicado a dar un paseo por la parte exterior de mi cabeza con la puerta entreabierta, siempre vuelves, por supuesto, pero no por el momento. Ni siquiera ayer, cuando te ví tan como siempre, tan tú, entraste.
También porque empiezo a saber lo que quiero, se van definiendo los bordes.
Por mucho que diga, por mucho que haga, no quiero nada, ésa es la verdad. O al menos eso creo.

Sí, es(casi)perfecto.

lunes, 25 de febrero de 2008

El bicho

He comprendido lo que sucede en mi interior:

Estoy viviendo con un bicho,
gracias a tí.
Se introdujo un día en el que a tí se te ocurrió que nos podíamos hacer amigos.
Y sigue ahí desde entonces.

Lo estuve alimentando bien, también gracias a tí,
algo es algo.

Pero súbitamente se cortó el suministro de alimento.
Dejaste de estar pendiente del bicho.
Pensó que había llegado el invierno y se acostó a dormir,
tanto tiempo que incluso pensé que estaba muerto.

Un día pensaste bueno, vamos a darle de comer al bicho,
y el muy cabrón resucitó a los pocos segundos de oler tu presencia.

Has vuelto a cortar el suministro,
y ahora el bicho se queja más que antes,
se ha acostumbrado a la buena vida en poco tiempo.

Te digo que el bicho me araña por dentro,
pero me ignoras.
No me da igual del todo,
cuando se remueve disgustado me da pena.

Sólo necesito tiempo,
y lo habre matado a base de no darle esperanzas,
come mucho de eso.

Está debil, amor.
Si colea es por las esperanzas de los demás,
en mí ya no queda ni una sola.

¿Sabes? a veces, cuando está empachado,
deja varios días flotando dentro de mí esas esperanzas,
como un globo de helio
que me hace flotar,
suelo ser feliz entonces.
Al final, él también me ha cogido cariño.
Se preocupa por mí.

...





Igual no me importas tanto,
o eso quieres creer, me recuerda el bicho.

Igual ella es tan pasajera como todo tu mundo,
o eso necesitas creer, me susurra el bicho.

¿Cuánto tardaras en enamorarte?
¿Cuánto en olvidarla?
¿Cuánto en contarme tus penas?

martes, 19 de febrero de 2008

pensamiento

Otra vez vuelta a empezar. Y yo que creía que ya había pasado, qué tonta, qué ilusa. Hay que ver como cambia todo cuando te atreves a reconocer la verdad... y todo por una tontería. Fue la mejor y la peor que he hecho nunca. ¿Qué toca ahora? lo que vivo ya me suena, indiferencia por tu parte, como siempre, cómo no. Aunque ya sé cómo mirar esto a la cara sin echarme a temblar, total, no es la primera vez. Siempre que te vuelvo a querer te las apañas para querer a otra.
No voy a darte explicaciones.

domingo, 10 de febrero de 2008

Re-conocimiento

Mientras buscaba la llave en el bolso, a la vuelta del trabajo, una mano me tocó la espalda. Era el chico que me había abordado en el metro. Totalmente perpleja le pregunté qué hacía ahí y me respondió que al hablar conmigo en el metro se dio cuenta de que estaba enamorado de mí, que yo era su alma gemela.
Casi estuve a punto de echarme a reír en su cara, era lo más estúpido que había oído en años, pero solo me salió decirle que era tarde y que tenía que subir a casa. Le cerré la puerta en las narices.
Subí las escaleras pensando en el chico. Era mono, eso sí, pero no sería para mí más que un rollo de una noche. La verdad, no soy del tipo de mujer que se enamora, había tenido demasiadas experiencias que me recordaban que enamorarme no era lo mío. Además, ahora estaba mejor que nunca, mi librería situada al final de la calle iba cada vez mejor y ocupaba casi todo mi tiempo, por lo que no me dejaba espacio para nada más. Ni lo necesitaba.

Pasó un tiempo y se repitió la misma situación en el metro, una vez que el incidente del chico fue olvidado, cuando iba a visitar a mi madre en la otra parte de la ciudad. Ahí estaba yo, en el vagón, de pie, apretada entre un montón de gente que venía de trabajar y con una mirada azul claro, o tal vez gris, clavándose en mis ojos. Otra vez él. Yo intentaba apartar la mirada observando los ridículos carteles de publicidad que había en el interior del vagón, pero ese magnetismo que despedían me volvía a atraer, una y otra vez. Me estaba empezando a poner nerviosa.
Poco a poco se fue vaciando el espacio hasta que solo quedamos nosotros dos, cada uno en una punta, mirándonos, marrón contra azul.
Una vez que llegué a mi destino, me bajé del vagón con él siguiéndome los pasos, como si fuera una casualidad que tuviéramos el mismo camino. Yo ya estaba casi saliendo por la boca del metro cuando me llamó. No dijo mi nombre, pero sabía que se refería a mí.
- Eh, desconocida, ¿vas a volver a ignorarme?
- No tengo por qué hacerte caso, no te conozco de nada.
- Sí, sí sabes quién soy. Soy el que está enamorado de ti.
- ¿Todavía sigues con eso? Bah. A ver, ¿cómo te llamas?
- Guillermo.
- Está bien, Guillermo, pues escucha, eso de que estás enamorado de mí es una tontería, ¿vale?
- No vale, no es ninguna tontería.
- Mira, no voy a discutir contigo. No quiero que te vuelvas a acercar a mí, ¿entendido?
- Te dejaré en paz si es lo que quieres, pero al menos dime tu nombre, por favor, sólo eso.
- Me llamo Adela.
- ¿Adela? Te imaginaba con un nombre más seductor, no sé por qué.
- ¿Qué de malo tiene mi nombre?
- Nada, es bonito, pero no me lo esperaba.
- ¿Y qué puedes esperar de mí si no sabes quién soy?
- Sólo sé que te conozco, pero los detalles más superficiales los ignoro, has cambiado mucho desde la última vez, Nahia.
Una bombillita se encendió en mi cabeza.
- ¿Cómo me has llamado?
- Adela.
- Creía haber entendido otra cosa...
- Adela, pronto te darás cuenta de que tú también estás enamorada de mí y lamentarás que me haya ido para siempre. Me buscarás y no me encontrarás. Si rechazas esta oportunidad, será la última vez que me veas.
- Está bien, loco del demonio, voy a tomarme un café contigo y ya no más, ¿de acuerdo?
- Ok, invito yo, pero te aseguro que estás firmando tu sentencia de muerte.

Fuimos al café que hay al lado de mi casa y entre sorbo y sorbo de la taza de capuccino me contó algo de su vida, y yo algo de la mía. Todo tenía un sabor de dejà vu, como si en vez de la primera vez que tomamos una taza de café, fuera la 531.
Una cosa llevó a la otra y al final me vi invitándole a subir a mi casa y después de un beso inocente detrás de la oreja se activó todo el mecanismo.
Como si lo estuviera viendo sentada en la silla que hay en una esquina de la habitación, vi como dos personas se quitaban la ropa, dejándola esparcida por todos lados, sin más miramientos.
Mientras hacían el amor, una especie de luz cubría sus cuerpos, haciéndolos preciosos. En ese momento dejé de ver la escena desde un rincón para formar parte de ella. Estaba debajo de él, mirándolo a los ojos. No podía ver, sentir u oler otra cosa que no fuera él, su presencia estaba por todas partes, dentro y fuera de mí.
Cuando terminamos se quedó acostado a mi lado, acurrucado. Le acaricié el pelo castaño mientras dormía y pensé acerca de lo que me había dicho en la salida del metro. Quizás tenía razón. Pero bueno, me dije, ya tendría tiempo de saberlo, tenía todo el tiempo del mundo. Y con este pensamiento me quedé durmiendo, feliz.

Cuando desperté era ya de noche. Abrí los ojos y miré alrededor. Guillermo no estaba. Me asusté un tanto. Vi que había una nota garabateada en un trozo de papel:
"como te prometí ésta es la última vez que me veas. Ya no volverás a saber de mí, nunca más. Te dejaré en paz. Pero tienes que saber que me echarás de menos y me buscarás. Pero no estaré. La última vez pasó lo mismo, no me quisiste contigo y me fui, me lo tuviste que repetir muchas veces pero al final lo hice. Ésta vez será distinto. No lo tendrás que volver a decir. En cierto modo es gracioso, aunque nos encontramos siempre, la historia se repite. Da igual que te llames Nahia o Adela, siempre es igual. Y yo siempre te quiero."
Aunque no entendía nada de nada de repente me sentí vacía, muy vacía.
Y así he seguido hasta hoy, cinco años después, cientos de amantes después que éste pero ninguno como él.
La verdad, tenía razón: lo busqué. Me dediqué a pasearme en metro a la hora en la que hablamos por primera vez, fui al café, me daba un vuelco el corazón cuando veía un abrigo negro y largo tan particular como el suyo, y me enrollaba con sus propietarios por si Guillermo había decidido cambiarse de piel y de nombre otra vez.
Nunca era, por supuesto.
Al haber perdido la esperanza estoy aquí ahora, con un bote de somníferos en una mano y con una jeringuilla ya vacía en la otra, es lo único que me salva de la tortura que es saber que lo perdí para siempre.
Ya van haciendo efecto sobre mí... me voy relajando... en éstos momentos es cuando recuerdo otra vez el café, lo que siguió, lo que sentí... pero ya no me duele, no, ya no importa...




- Eh, desconocida, ¿vas a volver a ignorarme?
- No tengo por qué hacerte caso, no te conozco de nada.
- Sí, sí sabes quién soy. Soy el que está enamorado de ti.
- ¿Todavía sigues con eso? Bah. A ver, ¿cómo te llamas?
- Alberto.
- Está bien, Alberto, pues escucha, eso de que estás enamorado de mí es una tontería, ¿vale?
- No vale, no es ninguna tontería.
- Mira, no voy a discutir contigo. No quiero que te vuelvas a acercar a mí, ¿entendido?
- Te dejaré en paz si es lo que quieres, pero al menos dime tu nombre, por favor, sólo eso.
- Me llamo Lucía.
- ¿Lucía? Te imaginaba con un nombre más seductor, no sé por qué.
- ¿Qué de malo tiene mi nombre?
- Nada, es bonito, pero no me lo esperaba.
- ¿Y qué puedes esperar de mí si no sabes quién soy?
- Sólo sé que te conozco, pero los detalles más superficiales los ignoro, has cambiado mucho desde la última vez, Adela.
- ¿Cómo me has llamado?
- Lucía.
- Creía haber entendido otra cosa...
- Lucía, pronto te darás cuenta de que tú también estás enamorada de mí y lamentarás que me haya ido para siempre. Me buscarás y no me encontrarás. Si rechazas esta oportunidad, será la última vez que me veas.
- Está bien, loco del demonio, voy a tomarme un café contigo y ya no más, ¿de acuerdo?
- Ok, invito yo, pero te aseguro que estás firmando tu sentencia de muerte.

viernes, 25 de enero de 2008

feel

a pesar de la dulce música de fondo
y del calor alrededor,
se siente frío aquí dentro...
que quema como el hielo,
que ni una chispa calienta,
hace falta un sol.

espero,
me decepciono,
me resigno,
y otra vez vuelta a empezar.

sigue nublado.

tan sola entre tanta gente...

domingo, 20 de enero de 2008

un cuento (segunda parte)

Pasaron los tres días y la princesa tuvo muy claro que aceptaba el trato. Cerca de la hora convenida fue al lugar donde había hablado con la bruja por primera vez y al cabo de un rato volvió a aparecer.
- ¿Lo has pensado?
- Sí.
- ¿Y bien?
- Acepto.
- Lo haremos así: cuando yo consiga mi parte, te daré lo tuyo.
- ¿Y cómo sé que no me engañarás?
- Dime, niña, ¿qué otra opción tienes?
La princesa triste se quedó en silencio.
- Ya decía yo. Para conquistar el corazón de tu hermano tendremos que hacerlo a la manera normal. Te daré cartas para él y nos concertarás una cita.
- Todo esto me parece tan ridículo…
- Me da igual lo que te parezca, es lo que hay, he observado el mismo proceder en todas las chicas que han salido con él, y no voy a cambiar las maneras.
- Si es lo que piensas…

Durante más de tres meses estuvieron mandándose cartas y viéndose a escondidas. Las demás chicas se volvieron locas al ver que el príncipe no reaccionaba cuando eran ellas las que mandaban las cartas, ni siquiera cuando se acercaban y le declaraban su amor abiertamente. Él se pasaba el día suspirando por el amor de la bruja, que lo había enamorado perdidamente.
Pasó un año más y un día, después de anunciar a sus padres que quería marcharse del reino para estudiar en el extranjero, su hermano desapareció, pero antes de irse le dejó una nota a su hermana diciéndole que se iba con la bruja a disfrutar de su amor, a donde quiera que éste le llevara. La princesa se alegró un tanto por su hermano, pero por otra parte sospechaba que la bruja la había engañado.

Pasó otro año y la sospecha que tenía se había convertido ya en una verdad para la princesa triste, y esto la hacía todavía más infeliz, pues había traicionado su confianza, y además se había llevado a su hermano. Al menos, pensó, él lo estaría pasando bien con ella.
Una noche, mientras dormía, sintió una leve presión en las piernas, y entreabrió los ojos. Al ver a la bruja sentada sobre ella pegó un respingo y se levantó de un salto, con los ojos como platos y el corazón a mil por hora. Después le subió la ira y se puso a despotricar contra la bruja:
- ¿Quién te crees que eres para haber tardado tanto? ¡Yo ya pensaba que me habías dejado en la estacada y te habías largado con mi hermano!
- Lo que tú pensaras no es mi problema, pues aquí estoy. No podía dejar a tu hermano con mi madre tan pronto, tenían que coger más confianza. Ahora mismo él está sentado en su salón viendo las telenovelas brujiles que ponen después de comer. Está enganchadísimo.
A la princesa se le pasó el enfado instantáneamente al imaginarse a su hermano sentado en un sofá, cogido al brazo de una bruja y llorando a moco tendido con las telenovelas.
- ¿Y ahora que hacemos?
- Pues para empezar hacer las maletas. No cojas mucha ropa de abrigo, a donde vamos hace mucho calor.
La princesa triste se vistió rápidamente y le anunció a la bruja que ya estaba lista para irse.
- Está bien, coge mi mano y cierra los ojos, puede ser que te marees un poco.
Y así, cogidas de la mano, aparecieron en la mitad del desierto. El cambio brusco de la temperatura dejó a la princesa fuera de combate durante los primeros minutos. Después se acostumbró.
Miró alrededor y se vio rodeada de lo que le parecieron a ella miles y miles de kilómetros de extensión de arena. Solo de pensar que le podría pasar si se perdía le dieron escalofríos.
También se oían unos tambores a lo lejos, marcando el ritmo de la música. La princesa no conocía ese sonido, de hecho, no conocía la música en ninguno de los sentidos. Nunca había escuchado el trino de los pájaros, ni el canto de la voz de los hombres ni el rasgueo de las cuerdas de una guitarra. Nunca.
Conforme se acercaban más y más a la fuente de la que procedía el sonido, mejor se sentía la princesa triste. Tanto fue así que cuando llegaron a la tienda donde se celebraba la fiesta, la princesa triste dejó de ser la princesa triste. Se quedó en princesa, incluso podría decirse que feliz.
Permaneció en esa tienda muchos, muchos días y aprendió que lo que le hacía ser infeliz era la ausencia de música en su vida.

El día que la bruja le dijo que debían regresar se atisbó en su rostro una sombra de la tristeza ya perdida. No quería volver a ese sitio de silencio monótono y aburrido después de haber conocido la música.
Le dijeron que la música estaba en todas partes, solo debía buscarla, y le regalaron la guitarra que la había estado acompañando.

Cuando volvió a su casa, todo estaba desolado. Sus padres estaban irreconocibles, consumidos por la pena, al ver que su querida hija había desaparecido. La princesa se acercó y les besó a ambos la frente mientras dormían, y así, a la luz de la luna que se colaba por la ventana, tocó para ellos, y tocó y tocó hasta quedarse dormida.






como véis, la historia no tiene final, cada uno puede pensar lo que quiera acerca de qué suceció con el príncipe y la bruja y acerca de si la princesa volvió a ser triste o no. ¿por qué no me contais vosotros a mí el final?




explicación: sé que es imposible que la muchacha no conociera la música pero es así, en su reino no había de eso.

Sunburn - MUSE