El aire es espeso, cuesta tomar una bocanada de aire. Es por eso que decidí dejar esta necesidad vital en lo menos importante para mi subsistencia, di más prioridad al hecho de tener los ojos abiertos y la mente expuesta, para intentar captar algo del exterior.
No sé cuánto tiempo llevo así, ni cuánto me queda. Simplemente un día ya lo oí todo como detrás de un cristal mal insonorizado, del que me llegan los ruidos distorsionados y apagados.
No entiendo qué es lo que veo, lo que oigo.
Camino por la calle, estoy con otras personas pero no logro alcanzarlas, las miro desde fuera y no me transmiten nada. Son maniquís que se mueven y actúan, como yo, pero diferente. Aunque intentan acercarse a mí, y creen conseguirlo, en realidad sólo han arañado la capa superficial, ellos no signfican nada.
Antes solía seguir un sueño, me guiaba claro como una estrella, brillando en el cielo por mí, pero aunque la sigo viendo, ya no me apetece seguirla, sólo esperarla.
Apatía.
Esta búsqueda no tiene sentido ya para mí. Nada tiene sentido, excepto, quizás, vagar. Me parece lo más coherente, teniendo en cuenta que no quiero ir a ningún sitio, pero tampoco quedarme parada.
Lo único que entra aquí con claridad es la música, que ameniza un poco este gris, aunque todavía no he logrado adivinar si viene del exterior o de mí misma.
Escribo porque hoy, moviéndome en el sinsentido, he notado una pulsión que ha hecho que mi corazón parado latiera.
BUM.
Conforme nos rozábamos se iba acelerando.
BUM BUM.
Tanto que casi he llorado.
No sé muy bien si lo que he sentido ha sido real, pero ha conseguido que percibiera algo del exterior. Una emoción inmensa me ha recorrido por dentro y ha desentumecido cada una de mis células. He brillado. He emitido un fotón de luz infinito que duró el tiempo de un parpadeo.
He creído ver otra cápside.
Su habitante ha creído ver la mía.
¿Será real o sólo una imagen?
Increíble, de todos modos.
martes, 26 de mayo de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
Negativa
De ninguna de las maneras, no, me niego, en redondo, además. Vas sobrevolando la zona, intentando encontrar una zona en la que aterrizar dentro de la fortaleza de mi cabeza. Te acercas por los ojos, la boca, los oídos.. y te espanto como el que da manotazos al aire para alejar los mosquitos que intentan llegar hasta la carne y agujerearla con el aguijón.
No estoy dispuesta a que el mosquito(tú) deje su marquita en mi piel, ni a que me pase días, meses, años, rascando la picadura.
He de reconocer que, si estoy escribiendo esto, es posible que ya llegue tarde, que me hayas alcanzado, pero aún puedo aguantarme las ganas de rascar.
No estoy dispuesta a que el mosquito(tú) deje su marquita en mi piel, ni a que me pase días, meses, años, rascando la picadura.
He de reconocer que, si estoy escribiendo esto, es posible que ya llegue tarde, que me hayas alcanzado, pero aún puedo aguantarme las ganas de rascar.
Oh, baby, how I love you
Ya está. Ha sucedido. Lo que había estado esperando durante años y no terminaba de
llegar nunca.
De tanto imaginarse cómo iba a ser, lo tenía idealizado, quizás por eso cuando
ocurrió le pareció un tanto decepcionante.
Comenzó como siempre y al principio creyó que iba a continuar así, pero llegó a un
punto en el que no cabía duda de que vendría después, a pesar de no haberlo
experimentado nunca. Y pensaba que se sentiría por fin libre y feliz.
Pero no. Empezó a darse cuenta de que la vida se le escurría entre los dedos y, en el último segundo, tuvo ganas de levantarse y hacer todo aquello que le habría gustado y que, en parte por él o por ella misma, no había hecho.
Pero era inútil lamentarse por eso, así que se dejó llevar, para que fuera más fácil. Ni siquiera se planteó que quizás hubiera podido, al menos, esquivar los golpes que estaba recibiendo y huir muy lejos, lejos de todo.
Y es que, desde hacía ya varios años, funcionaba por inercia, aburrida de repetir la
misma situación una y otra vez, dándose cuenta de que lo que tenía planeado para
plantarle cara nunca lo podría llevar a cabo, bien por ser demasiado descabellada,
bien por perder la oportunidad o el valor en el último minuto o bien porque él volvía a recogerla del suelo, donde la había tirado momentos antes, y la envolvía entre sus brazos, esos que antes la dañaban, y le decía al oído una frase que la tocaba profundamente, que la estremecía de amor y que le hacía perdonar todo el dolor.
Una frase que le recordaba la bondad del hombre del que se había enamorado tiempo atrás y que, extrañamente, se fue desvaneciendo.
No era una frase célebre, ni un verso de un poema brillante, simplemente un trocito de una canción de rock que él solía cantar para ella, acompañado de su guitarra:
“Oh, baby, how I love you”.
llegar nunca.
De tanto imaginarse cómo iba a ser, lo tenía idealizado, quizás por eso cuando
ocurrió le pareció un tanto decepcionante.
Comenzó como siempre y al principio creyó que iba a continuar así, pero llegó a un
punto en el que no cabía duda de que vendría después, a pesar de no haberlo
experimentado nunca. Y pensaba que se sentiría por fin libre y feliz.
Pero no. Empezó a darse cuenta de que la vida se le escurría entre los dedos y, en el último segundo, tuvo ganas de levantarse y hacer todo aquello que le habría gustado y que, en parte por él o por ella misma, no había hecho.
Pero era inútil lamentarse por eso, así que se dejó llevar, para que fuera más fácil. Ni siquiera se planteó que quizás hubiera podido, al menos, esquivar los golpes que estaba recibiendo y huir muy lejos, lejos de todo.
Y es que, desde hacía ya varios años, funcionaba por inercia, aburrida de repetir la
misma situación una y otra vez, dándose cuenta de que lo que tenía planeado para
plantarle cara nunca lo podría llevar a cabo, bien por ser demasiado descabellada,
bien por perder la oportunidad o el valor en el último minuto o bien porque él volvía a recogerla del suelo, donde la había tirado momentos antes, y la envolvía entre sus brazos, esos que antes la dañaban, y le decía al oído una frase que la tocaba profundamente, que la estremecía de amor y que le hacía perdonar todo el dolor.
Una frase que le recordaba la bondad del hombre del que se había enamorado tiempo atrás y que, extrañamente, se fue desvaneciendo.
No era una frase célebre, ni un verso de un poema brillante, simplemente un trocito de una canción de rock que él solía cantar para ella, acompañado de su guitarra:
“Oh, baby, how I love you”.
viernes, 30 de enero de 2009
Uno de esos días..
Hoy es uno de esos días en los que presientes que algo va a ir mal. Te levantas como de costumbre pero sales a la calle con esa sensación pegada a la nuca, a veces tan fuerte que tienes el impulso de mirar hacia atrás para comprobar si son imaginaciones tuyas.
Uno de esos días en los que te das cuenta de que nada de lo que ocurra va a tener sentido.
Uno de esos días, precisamente hoy, en el que me dan ganas de dormir en algún lugar aislado y no despertar durante años, hasta que la gente se olvide de mí y de esa manera no hacer daño a nadie. Estando sola.
Me siento como una mierda nadando entre más mierda, a la altura de una moneda de 50 céntimos...
Y ni siquiera sé si tengo que sentirme culpable o no.
Uno de esos días en los que te das cuenta de que nada de lo que ocurra va a tener sentido.
Uno de esos días, precisamente hoy, en el que me dan ganas de dormir en algún lugar aislado y no despertar durante años, hasta que la gente se olvide de mí y de esa manera no hacer daño a nadie. Estando sola.
Me siento como una mierda nadando entre más mierda, a la altura de una moneda de 50 céntimos...
Y ni siquiera sé si tengo que sentirme culpable o no.
domingo, 18 de enero de 2009
Jugar contigo
Siempre me pregunto qué estarás haciendo, con quién pasarás tu tiempo, qué labios besarás, qué te hará reír, qué te hará llorar, disfrutar, sentir, qué estará pasando por tu mente, si seré yo o ya ni pensarás en mí. ¿Sabes? yo lo hago a menudo, digo pensar en tí, no pensar a secas, claro, nunca se me ha dado bien dejar la mente en blanco, siempre estoy deambulando por lugares imposibles.. y, bueno, me da vergüenza confesarlo, pero sueles acompañarme, y hasta te gusta, me lo dices al oído cuando me abrazas..
Aunque construya castillos en el aire y por momentos juegue dentro de sus habitaciones al gato y al ratón contigo, he aprendido a fuerza de caerme del más alto torreón que no debo quedarme a vivir en él, aunque por más que lo intente bajar a escobazos, mi corazón siempre se queda arriba, esperando a que vuelva a jugar contigo.
Aunque construya castillos en el aire y por momentos juegue dentro de sus habitaciones al gato y al ratón contigo, he aprendido a fuerza de caerme del más alto torreón que no debo quedarme a vivir en él, aunque por más que lo intente bajar a escobazos, mi corazón siempre se queda arriba, esperando a que vuelva a jugar contigo.
...
Vuelvo, por fín! la necesidad visceral que solía rondarme cuando abrí el blog ha despertado de nuevo, ahora a escribir!
sábado, 3 de mayo de 2008
Acabo
Acabo de dejarlo en su puerta, como todos los días en los que me voy a correr. Él piensa que quedo con él porque quiero verlo, pero en realidad es porque tengo que decirle algo muy importante, y creo que si lo hago antes de correr me ayudará a pasar un poco el mal trago, cuando lo hago no pienso en nada, solo en avanzar hacia adelante, siempre adelante, no importa cómo, ni rápido ni despacio, simplemente hasta el final de la cuesta, cuando me puedo parar a descansar. Entonces vendrán en masa todos esos sentimientos de los que huyo.
Acabo de pararme al final de la cuesta y me siento mezquina por no decírselo. "Lo siento, cariño, pero..." no, cariño no puedo llamarlo, voy a dejarlo y eso no estaría bien. "Me estoy viendo con un chico que conocí el otro día en el concierto al que fuimos, ¿te acuerdas?" no está mal, pero añadiría "pero no hemos hecho nada, no podría hacerte eso" uff, esto no se me da nada bien... ¿y por qué no dejo de ver al chico? vaya, no me lo había planteado. Echo a correr por la cuesta con su voz susurrando en mi oído y el pensamiento rondando en mi cabeza. Inconscientemente corrí aún más rápido, no se si para huír de ese pensamiento o para escapar de su voz. Por si era la segunda opción pasé de canción en el mp3.
Acabo de terminar mi recorrido. Me paro totalmente exhausta. Nunca me había esforzado tanto. Mi conciencia me pregunta otra vez "¿y por qué no dejas del ver al chico?" Pues eso digo yo, ¿qué tiene ese tío que me atrapa tanto? En parte, lo sé, su música, su rara e indescriptible música que ha decidido por su cuenta crearse una casita en cada una de mis células al más puro estilo monopoly, para que cuando oiga las primeras notas de su canción se estremezcan todas a la vez y mi corazón se hinche de felicidad. "Esta canción es para tí, - me dijo - miraba al público y te vi entre toda esa gente, con los ojos brillantes y entonces fue como si estuvieras tu sola, toda la gente que había gritando alrededor desapareció. Justo después, con un sentimiento que exigía a voces ser expresado, me encerré en el estudio y escribí tu canción, con lo mejor que pude sacar de mi, con lo que me inspirabas. La he seguido cantando para ver si te atraía y al final viniste otra vez. Después te conocí. Y luego supe que quería estar contigo." Y, a ver, si es lo más bonito que me han dicho en la vida ¿cómo me voy a resistir?
Acabo de llamarlo para quedar con él y decírselo todo. He estado hablando con el músico y me apoyará. Bueno, si no hubiera aparecido en mi vida todo habría sido más fácil, pero al menos tengo su respaldo para que cuando caiga me recoja.
Llamo al timbre: "¿Si?¿Quién es?" "soy yo" "Ah, sube". Subo por las escaleras hasta el segundo, deseando con todas mis fuerzas que las escaleras fueran eternas y que nunca pudiera llegar hasta su piso. Al final apoyo mi pie en el último escalón. Él ya me está esperando en la puerta. Se le ve radiante de felicidad. Tiempo atrás él había sido mi sol, me iluminaba hasta en las más oscuras y frías noches, pero yo ya era inmune. Ahora era la luna la que guiaba mis pasos. Si es verdad que el músico no era una fuente de abrazos y besos, por eso cuando me los daba eran especiales. Y lo que sentía era indescriptible.
No sabía con qué cara mirarlo, no me atrevía, por miedo a que leyera la verdad en mis ojos, y ver como su luz desaparecía. Al final alcé la cabeza con los ojos anegados en lágrimas. Me besó levemente en los labios, a mi pesar, y me preguntó que me ocurría. Nada - dije yo - me he torcido el tobillo al subir las escaleras.
Acabo de pararme al final de la cuesta y me siento mezquina por no decírselo. "Lo siento, cariño, pero..." no, cariño no puedo llamarlo, voy a dejarlo y eso no estaría bien. "Me estoy viendo con un chico que conocí el otro día en el concierto al que fuimos, ¿te acuerdas?" no está mal, pero añadiría "pero no hemos hecho nada, no podría hacerte eso" uff, esto no se me da nada bien... ¿y por qué no dejo de ver al chico? vaya, no me lo había planteado. Echo a correr por la cuesta con su voz susurrando en mi oído y el pensamiento rondando en mi cabeza. Inconscientemente corrí aún más rápido, no se si para huír de ese pensamiento o para escapar de su voz. Por si era la segunda opción pasé de canción en el mp3.
Acabo de terminar mi recorrido. Me paro totalmente exhausta. Nunca me había esforzado tanto. Mi conciencia me pregunta otra vez "¿y por qué no dejas del ver al chico?" Pues eso digo yo, ¿qué tiene ese tío que me atrapa tanto? En parte, lo sé, su música, su rara e indescriptible música que ha decidido por su cuenta crearse una casita en cada una de mis células al más puro estilo monopoly, para que cuando oiga las primeras notas de su canción se estremezcan todas a la vez y mi corazón se hinche de felicidad. "Esta canción es para tí, - me dijo - miraba al público y te vi entre toda esa gente, con los ojos brillantes y entonces fue como si estuvieras tu sola, toda la gente que había gritando alrededor desapareció. Justo después, con un sentimiento que exigía a voces ser expresado, me encerré en el estudio y escribí tu canción, con lo mejor que pude sacar de mi, con lo que me inspirabas. La he seguido cantando para ver si te atraía y al final viniste otra vez. Después te conocí. Y luego supe que quería estar contigo." Y, a ver, si es lo más bonito que me han dicho en la vida ¿cómo me voy a resistir?
Acabo de llamarlo para quedar con él y decírselo todo. He estado hablando con el músico y me apoyará. Bueno, si no hubiera aparecido en mi vida todo habría sido más fácil, pero al menos tengo su respaldo para que cuando caiga me recoja.
Llamo al timbre: "¿Si?¿Quién es?" "soy yo" "Ah, sube". Subo por las escaleras hasta el segundo, deseando con todas mis fuerzas que las escaleras fueran eternas y que nunca pudiera llegar hasta su piso. Al final apoyo mi pie en el último escalón. Él ya me está esperando en la puerta. Se le ve radiante de felicidad. Tiempo atrás él había sido mi sol, me iluminaba hasta en las más oscuras y frías noches, pero yo ya era inmune. Ahora era la luna la que guiaba mis pasos. Si es verdad que el músico no era una fuente de abrazos y besos, por eso cuando me los daba eran especiales. Y lo que sentía era indescriptible.
No sabía con qué cara mirarlo, no me atrevía, por miedo a que leyera la verdad en mis ojos, y ver como su luz desaparecía. Al final alcé la cabeza con los ojos anegados en lágrimas. Me besó levemente en los labios, a mi pesar, y me preguntó que me ocurría. Nada - dije yo - me he torcido el tobillo al subir las escaleras.
sábado, 15 de marzo de 2008
Vacaciones
Ahora que tengo tiempo, ahora que mis preocupaciones se han reducido casi a la mitad, puedo pensar claramente.
Ya no hay distorsiones en mi cabeza, todo llega en forma de un agradable zumbido que no molesta en absoluto, incluso relaja.
Tranquilidad.
Zumbido sonando.
Felicidad por el viaje que me espera, porque te has dedicado a dar un paseo por la parte exterior de mi cabeza con la puerta entreabierta, siempre vuelves, por supuesto, pero no por el momento. Ni siquiera ayer, cuando te ví tan como siempre, tan tú, entraste.
También porque empiezo a saber lo que quiero, se van definiendo los bordes.
Por mucho que diga, por mucho que haga, no quiero nada, ésa es la verdad. O al menos eso creo.
Sí, es(casi)perfecto.
Ya no hay distorsiones en mi cabeza, todo llega en forma de un agradable zumbido que no molesta en absoluto, incluso relaja.
Tranquilidad.
Zumbido sonando.
Felicidad por el viaje que me espera, porque te has dedicado a dar un paseo por la parte exterior de mi cabeza con la puerta entreabierta, siempre vuelves, por supuesto, pero no por el momento. Ni siquiera ayer, cuando te ví tan como siempre, tan tú, entraste.
También porque empiezo a saber lo que quiero, se van definiendo los bordes.
Por mucho que diga, por mucho que haga, no quiero nada, ésa es la verdad. O al menos eso creo.
Sí, es(casi)perfecto.
lunes, 25 de febrero de 2008
El bicho
He comprendido lo que sucede en mi interior:
Estoy viviendo con un bicho,
gracias a tí.
Se introdujo un día en el que a tí se te ocurrió que nos podíamos hacer amigos.
Y sigue ahí desde entonces.
Lo estuve alimentando bien, también gracias a tí,
algo es algo.
Pero súbitamente se cortó el suministro de alimento.
Dejaste de estar pendiente del bicho.
Pensó que había llegado el invierno y se acostó a dormir,
tanto tiempo que incluso pensé que estaba muerto.
Un día pensaste bueno, vamos a darle de comer al bicho,
y el muy cabrón resucitó a los pocos segundos de oler tu presencia.
Has vuelto a cortar el suministro,
y ahora el bicho se queja más que antes,
se ha acostumbrado a la buena vida en poco tiempo.
Te digo que el bicho me araña por dentro,
pero me ignoras.
No me da igual del todo,
cuando se remueve disgustado me da pena.
Sólo necesito tiempo,
y lo habre matado a base de no darle esperanzas,
come mucho de eso.
Está debil, amor.
Si colea es por las esperanzas de los demás,
en mí ya no queda ni una sola.
¿Sabes? a veces, cuando está empachado,
deja varios días flotando dentro de mí esas esperanzas,
como un globo de helio
que me hace flotar,
suelo ser feliz entonces.
Al final, él también me ha cogido cariño.
Se preocupa por mí.
...
Igual no me importas tanto,
o eso quieres creer, me recuerda el bicho.
Igual ella es tan pasajera como todo tu mundo,
o eso necesitas creer, me susurra el bicho.
¿Cuánto tardaras en enamorarte?
¿Cuánto en olvidarla?
¿Cuánto en contarme tus penas?
Estoy viviendo con un bicho,
gracias a tí.
Se introdujo un día en el que a tí se te ocurrió que nos podíamos hacer amigos.
Y sigue ahí desde entonces.
Lo estuve alimentando bien, también gracias a tí,
algo es algo.
Pero súbitamente se cortó el suministro de alimento.
Dejaste de estar pendiente del bicho.
Pensó que había llegado el invierno y se acostó a dormir,
tanto tiempo que incluso pensé que estaba muerto.
Un día pensaste bueno, vamos a darle de comer al bicho,
y el muy cabrón resucitó a los pocos segundos de oler tu presencia.
Has vuelto a cortar el suministro,
y ahora el bicho se queja más que antes,
se ha acostumbrado a la buena vida en poco tiempo.
Te digo que el bicho me araña por dentro,
pero me ignoras.
No me da igual del todo,
cuando se remueve disgustado me da pena.
Sólo necesito tiempo,
y lo habre matado a base de no darle esperanzas,
come mucho de eso.
Está debil, amor.
Si colea es por las esperanzas de los demás,
en mí ya no queda ni una sola.
¿Sabes? a veces, cuando está empachado,
deja varios días flotando dentro de mí esas esperanzas,
como un globo de helio
que me hace flotar,
suelo ser feliz entonces.
Al final, él también me ha cogido cariño.
Se preocupa por mí.
...
Igual no me importas tanto,
o eso quieres creer, me recuerda el bicho.
Igual ella es tan pasajera como todo tu mundo,
o eso necesitas creer, me susurra el bicho.
¿Cuánto tardaras en enamorarte?
¿Cuánto en olvidarla?
¿Cuánto en contarme tus penas?
martes, 19 de febrero de 2008
pensamiento
Otra vez vuelta a empezar. Y yo que creía que ya había pasado, qué tonta, qué ilusa. Hay que ver como cambia todo cuando te atreves a reconocer la verdad... y todo por una tontería. Fue la mejor y la peor que he hecho nunca. ¿Qué toca ahora? lo que vivo ya me suena, indiferencia por tu parte, como siempre, cómo no. Aunque ya sé cómo mirar esto a la cara sin echarme a temblar, total, no es la primera vez. Siempre que te vuelvo a querer te las apañas para querer a otra.
No voy a darte explicaciones.
No voy a darte explicaciones.
domingo, 10 de febrero de 2008
Re-conocimiento
Mientras buscaba la llave en el bolso, a la vuelta del trabajo, una mano me tocó la espalda. Era el chico que me había abordado en el metro. Totalmente perpleja le pregunté qué hacía ahí y me respondió que al hablar conmigo en el metro se dio cuenta de que estaba enamorado de mí, que yo era su alma gemela.
Casi estuve a punto de echarme a reír en su cara, era lo más estúpido que había oído en años, pero solo me salió decirle que era tarde y que tenía que subir a casa. Le cerré la puerta en las narices.
Subí las escaleras pensando en el chico. Era mono, eso sí, pero no sería para mí más que un rollo de una noche. La verdad, no soy del tipo de mujer que se enamora, había tenido demasiadas experiencias que me recordaban que enamorarme no era lo mío. Además, ahora estaba mejor que nunca, mi librería situada al final de la calle iba cada vez mejor y ocupaba casi todo mi tiempo, por lo que no me dejaba espacio para nada más. Ni lo necesitaba.
Pasó un tiempo y se repitió la misma situación en el metro, una vez que el incidente del chico fue olvidado, cuando iba a visitar a mi madre en la otra parte de la ciudad. Ahí estaba yo, en el vagón, de pie, apretada entre un montón de gente que venía de trabajar y con una mirada azul claro, o tal vez gris, clavándose en mis ojos. Otra vez él. Yo intentaba apartar la mirada observando los ridículos carteles de publicidad que había en el interior del vagón, pero ese magnetismo que despedían me volvía a atraer, una y otra vez. Me estaba empezando a poner nerviosa.
Poco a poco se fue vaciando el espacio hasta que solo quedamos nosotros dos, cada uno en una punta, mirándonos, marrón contra azul.
Una vez que llegué a mi destino, me bajé del vagón con él siguiéndome los pasos, como si fuera una casualidad que tuviéramos el mismo camino. Yo ya estaba casi saliendo por la boca del metro cuando me llamó. No dijo mi nombre, pero sabía que se refería a mí.
- Eh, desconocida, ¿vas a volver a ignorarme?
- No tengo por qué hacerte caso, no te conozco de nada.
- Sí, sí sabes quién soy. Soy el que está enamorado de ti.
- ¿Todavía sigues con eso? Bah. A ver, ¿cómo te llamas?
- Guillermo.
- Está bien, Guillermo, pues escucha, eso de que estás enamorado de mí es una tontería, ¿vale?
- No vale, no es ninguna tontería.
- Mira, no voy a discutir contigo. No quiero que te vuelvas a acercar a mí, ¿entendido?
- Te dejaré en paz si es lo que quieres, pero al menos dime tu nombre, por favor, sólo eso.
- Me llamo Adela.
- ¿Adela? Te imaginaba con un nombre más seductor, no sé por qué.
- ¿Qué de malo tiene mi nombre?
- Nada, es bonito, pero no me lo esperaba.
- ¿Y qué puedes esperar de mí si no sabes quién soy?
- Sólo sé que te conozco, pero los detalles más superficiales los ignoro, has cambiado mucho desde la última vez, Nahia.
Una bombillita se encendió en mi cabeza.
- ¿Cómo me has llamado?
- Adela.
- Creía haber entendido otra cosa...
- Adela, pronto te darás cuenta de que tú también estás enamorada de mí y lamentarás que me haya ido para siempre. Me buscarás y no me encontrarás. Si rechazas esta oportunidad, será la última vez que me veas.
- Está bien, loco del demonio, voy a tomarme un café contigo y ya no más, ¿de acuerdo?
- Ok, invito yo, pero te aseguro que estás firmando tu sentencia de muerte.
Fuimos al café que hay al lado de mi casa y entre sorbo y sorbo de la taza de capuccino me contó algo de su vida, y yo algo de la mía. Todo tenía un sabor de dejà vu, como si en vez de la primera vez que tomamos una taza de café, fuera la 531.
Una cosa llevó a la otra y al final me vi invitándole a subir a mi casa y después de un beso inocente detrás de la oreja se activó todo el mecanismo.
Como si lo estuviera viendo sentada en la silla que hay en una esquina de la habitación, vi como dos personas se quitaban la ropa, dejándola esparcida por todos lados, sin más miramientos.
Mientras hacían el amor, una especie de luz cubría sus cuerpos, haciéndolos preciosos. En ese momento dejé de ver la escena desde un rincón para formar parte de ella. Estaba debajo de él, mirándolo a los ojos. No podía ver, sentir u oler otra cosa que no fuera él, su presencia estaba por todas partes, dentro y fuera de mí.
Cuando terminamos se quedó acostado a mi lado, acurrucado. Le acaricié el pelo castaño mientras dormía y pensé acerca de lo que me había dicho en la salida del metro. Quizás tenía razón. Pero bueno, me dije, ya tendría tiempo de saberlo, tenía todo el tiempo del mundo. Y con este pensamiento me quedé durmiendo, feliz.
Cuando desperté era ya de noche. Abrí los ojos y miré alrededor. Guillermo no estaba. Me asusté un tanto. Vi que había una nota garabateada en un trozo de papel:
"como te prometí ésta es la última vez que me veas. Ya no volverás a saber de mí, nunca más. Te dejaré en paz. Pero tienes que saber que me echarás de menos y me buscarás. Pero no estaré. La última vez pasó lo mismo, no me quisiste contigo y me fui, me lo tuviste que repetir muchas veces pero al final lo hice. Ésta vez será distinto. No lo tendrás que volver a decir. En cierto modo es gracioso, aunque nos encontramos siempre, la historia se repite. Da igual que te llames Nahia o Adela, siempre es igual. Y yo siempre te quiero."
Aunque no entendía nada de nada de repente me sentí vacía, muy vacía.
Y así he seguido hasta hoy, cinco años después, cientos de amantes después que éste pero ninguno como él.
La verdad, tenía razón: lo busqué. Me dediqué a pasearme en metro a la hora en la que hablamos por primera vez, fui al café, me daba un vuelco el corazón cuando veía un abrigo negro y largo tan particular como el suyo, y me enrollaba con sus propietarios por si Guillermo había decidido cambiarse de piel y de nombre otra vez.
Nunca era, por supuesto.
Al haber perdido la esperanza estoy aquí ahora, con un bote de somníferos en una mano y con una jeringuilla ya vacía en la otra, es lo único que me salva de la tortura que es saber que lo perdí para siempre.
Ya van haciendo efecto sobre mí... me voy relajando... en éstos momentos es cuando recuerdo otra vez el café, lo que siguió, lo que sentí... pero ya no me duele, no, ya no importa...
- Eh, desconocida, ¿vas a volver a ignorarme?
- No tengo por qué hacerte caso, no te conozco de nada.
- Sí, sí sabes quién soy. Soy el que está enamorado de ti.
- ¿Todavía sigues con eso? Bah. A ver, ¿cómo te llamas?
- Alberto.
- Está bien, Alberto, pues escucha, eso de que estás enamorado de mí es una tontería, ¿vale?
- No vale, no es ninguna tontería.
- Mira, no voy a discutir contigo. No quiero que te vuelvas a acercar a mí, ¿entendido?
- Te dejaré en paz si es lo que quieres, pero al menos dime tu nombre, por favor, sólo eso.
- Me llamo Lucía.
- ¿Lucía? Te imaginaba con un nombre más seductor, no sé por qué.
- ¿Qué de malo tiene mi nombre?
- Nada, es bonito, pero no me lo esperaba.
- ¿Y qué puedes esperar de mí si no sabes quién soy?
- Sólo sé que te conozco, pero los detalles más superficiales los ignoro, has cambiado mucho desde la última vez, Adela.
- ¿Cómo me has llamado?
- Lucía.
- Creía haber entendido otra cosa...
- Lucía, pronto te darás cuenta de que tú también estás enamorada de mí y lamentarás que me haya ido para siempre. Me buscarás y no me encontrarás. Si rechazas esta oportunidad, será la última vez que me veas.
- Está bien, loco del demonio, voy a tomarme un café contigo y ya no más, ¿de acuerdo?
- Ok, invito yo, pero te aseguro que estás firmando tu sentencia de muerte.
Casi estuve a punto de echarme a reír en su cara, era lo más estúpido que había oído en años, pero solo me salió decirle que era tarde y que tenía que subir a casa. Le cerré la puerta en las narices.
Subí las escaleras pensando en el chico. Era mono, eso sí, pero no sería para mí más que un rollo de una noche. La verdad, no soy del tipo de mujer que se enamora, había tenido demasiadas experiencias que me recordaban que enamorarme no era lo mío. Además, ahora estaba mejor que nunca, mi librería situada al final de la calle iba cada vez mejor y ocupaba casi todo mi tiempo, por lo que no me dejaba espacio para nada más. Ni lo necesitaba.
Pasó un tiempo y se repitió la misma situación en el metro, una vez que el incidente del chico fue olvidado, cuando iba a visitar a mi madre en la otra parte de la ciudad. Ahí estaba yo, en el vagón, de pie, apretada entre un montón de gente que venía de trabajar y con una mirada azul claro, o tal vez gris, clavándose en mis ojos. Otra vez él. Yo intentaba apartar la mirada observando los ridículos carteles de publicidad que había en el interior del vagón, pero ese magnetismo que despedían me volvía a atraer, una y otra vez. Me estaba empezando a poner nerviosa.
Poco a poco se fue vaciando el espacio hasta que solo quedamos nosotros dos, cada uno en una punta, mirándonos, marrón contra azul.
Una vez que llegué a mi destino, me bajé del vagón con él siguiéndome los pasos, como si fuera una casualidad que tuviéramos el mismo camino. Yo ya estaba casi saliendo por la boca del metro cuando me llamó. No dijo mi nombre, pero sabía que se refería a mí.
- Eh, desconocida, ¿vas a volver a ignorarme?
- No tengo por qué hacerte caso, no te conozco de nada.
- Sí, sí sabes quién soy. Soy el que está enamorado de ti.
- ¿Todavía sigues con eso? Bah. A ver, ¿cómo te llamas?
- Guillermo.
- Está bien, Guillermo, pues escucha, eso de que estás enamorado de mí es una tontería, ¿vale?
- No vale, no es ninguna tontería.
- Mira, no voy a discutir contigo. No quiero que te vuelvas a acercar a mí, ¿entendido?
- Te dejaré en paz si es lo que quieres, pero al menos dime tu nombre, por favor, sólo eso.
- Me llamo Adela.
- ¿Adela? Te imaginaba con un nombre más seductor, no sé por qué.
- ¿Qué de malo tiene mi nombre?
- Nada, es bonito, pero no me lo esperaba.
- ¿Y qué puedes esperar de mí si no sabes quién soy?
- Sólo sé que te conozco, pero los detalles más superficiales los ignoro, has cambiado mucho desde la última vez, Nahia.
Una bombillita se encendió en mi cabeza.
- ¿Cómo me has llamado?
- Adela.
- Creía haber entendido otra cosa...
- Adela, pronto te darás cuenta de que tú también estás enamorada de mí y lamentarás que me haya ido para siempre. Me buscarás y no me encontrarás. Si rechazas esta oportunidad, será la última vez que me veas.
- Está bien, loco del demonio, voy a tomarme un café contigo y ya no más, ¿de acuerdo?
- Ok, invito yo, pero te aseguro que estás firmando tu sentencia de muerte.
Fuimos al café que hay al lado de mi casa y entre sorbo y sorbo de la taza de capuccino me contó algo de su vida, y yo algo de la mía. Todo tenía un sabor de dejà vu, como si en vez de la primera vez que tomamos una taza de café, fuera la 531.
Una cosa llevó a la otra y al final me vi invitándole a subir a mi casa y después de un beso inocente detrás de la oreja se activó todo el mecanismo.
Como si lo estuviera viendo sentada en la silla que hay en una esquina de la habitación, vi como dos personas se quitaban la ropa, dejándola esparcida por todos lados, sin más miramientos.
Mientras hacían el amor, una especie de luz cubría sus cuerpos, haciéndolos preciosos. En ese momento dejé de ver la escena desde un rincón para formar parte de ella. Estaba debajo de él, mirándolo a los ojos. No podía ver, sentir u oler otra cosa que no fuera él, su presencia estaba por todas partes, dentro y fuera de mí.
Cuando terminamos se quedó acostado a mi lado, acurrucado. Le acaricié el pelo castaño mientras dormía y pensé acerca de lo que me había dicho en la salida del metro. Quizás tenía razón. Pero bueno, me dije, ya tendría tiempo de saberlo, tenía todo el tiempo del mundo. Y con este pensamiento me quedé durmiendo, feliz.
Cuando desperté era ya de noche. Abrí los ojos y miré alrededor. Guillermo no estaba. Me asusté un tanto. Vi que había una nota garabateada en un trozo de papel:
"como te prometí ésta es la última vez que me veas. Ya no volverás a saber de mí, nunca más. Te dejaré en paz. Pero tienes que saber que me echarás de menos y me buscarás. Pero no estaré. La última vez pasó lo mismo, no me quisiste contigo y me fui, me lo tuviste que repetir muchas veces pero al final lo hice. Ésta vez será distinto. No lo tendrás que volver a decir. En cierto modo es gracioso, aunque nos encontramos siempre, la historia se repite. Da igual que te llames Nahia o Adela, siempre es igual. Y yo siempre te quiero."
Aunque no entendía nada de nada de repente me sentí vacía, muy vacía.
Y así he seguido hasta hoy, cinco años después, cientos de amantes después que éste pero ninguno como él.
La verdad, tenía razón: lo busqué. Me dediqué a pasearme en metro a la hora en la que hablamos por primera vez, fui al café, me daba un vuelco el corazón cuando veía un abrigo negro y largo tan particular como el suyo, y me enrollaba con sus propietarios por si Guillermo había decidido cambiarse de piel y de nombre otra vez.
Nunca era, por supuesto.
Al haber perdido la esperanza estoy aquí ahora, con un bote de somníferos en una mano y con una jeringuilla ya vacía en la otra, es lo único que me salva de la tortura que es saber que lo perdí para siempre.
Ya van haciendo efecto sobre mí... me voy relajando... en éstos momentos es cuando recuerdo otra vez el café, lo que siguió, lo que sentí... pero ya no me duele, no, ya no importa...
- Eh, desconocida, ¿vas a volver a ignorarme?
- No tengo por qué hacerte caso, no te conozco de nada.
- Sí, sí sabes quién soy. Soy el que está enamorado de ti.
- ¿Todavía sigues con eso? Bah. A ver, ¿cómo te llamas?
- Alberto.
- Está bien, Alberto, pues escucha, eso de que estás enamorado de mí es una tontería, ¿vale?
- No vale, no es ninguna tontería.
- Mira, no voy a discutir contigo. No quiero que te vuelvas a acercar a mí, ¿entendido?
- Te dejaré en paz si es lo que quieres, pero al menos dime tu nombre, por favor, sólo eso.
- Me llamo Lucía.
- ¿Lucía? Te imaginaba con un nombre más seductor, no sé por qué.
- ¿Qué de malo tiene mi nombre?
- Nada, es bonito, pero no me lo esperaba.
- ¿Y qué puedes esperar de mí si no sabes quién soy?
- Sólo sé que te conozco, pero los detalles más superficiales los ignoro, has cambiado mucho desde la última vez, Adela.
- ¿Cómo me has llamado?
- Lucía.
- Creía haber entendido otra cosa...
- Lucía, pronto te darás cuenta de que tú también estás enamorada de mí y lamentarás que me haya ido para siempre. Me buscarás y no me encontrarás. Si rechazas esta oportunidad, será la última vez que me veas.
- Está bien, loco del demonio, voy a tomarme un café contigo y ya no más, ¿de acuerdo?
- Ok, invito yo, pero te aseguro que estás firmando tu sentencia de muerte.
viernes, 25 de enero de 2008
feel
a pesar de la dulce música de fondo
y del calor alrededor,
se siente frío aquí dentro...
que quema como el hielo,
que ni una chispa calienta,
hace falta un sol.
espero,
me decepciono,
me resigno,
y otra vez vuelta a empezar.
sigue nublado.
tan sola entre tanta gente...
y del calor alrededor,
se siente frío aquí dentro...
que quema como el hielo,
que ni una chispa calienta,
hace falta un sol.
espero,
me decepciono,
me resigno,
y otra vez vuelta a empezar.
sigue nublado.
tan sola entre tanta gente...
domingo, 20 de enero de 2008
un cuento (segunda parte)
Pasaron los tres días y la princesa tuvo muy claro que aceptaba el trato. Cerca de la hora convenida fue al lugar donde había hablado con la bruja por primera vez y al cabo de un rato volvió a aparecer.
- ¿Lo has pensado?
- Sí.
- ¿Y bien?
- Acepto.
- Lo haremos así: cuando yo consiga mi parte, te daré lo tuyo.
- ¿Y cómo sé que no me engañarás?
- Dime, niña, ¿qué otra opción tienes?
La princesa triste se quedó en silencio.
- Ya decía yo. Para conquistar el corazón de tu hermano tendremos que hacerlo a la manera normal. Te daré cartas para él y nos concertarás una cita.
- Todo esto me parece tan ridículo…
- Me da igual lo que te parezca, es lo que hay, he observado el mismo proceder en todas las chicas que han salido con él, y no voy a cambiar las maneras.
- Si es lo que piensas…
Durante más de tres meses estuvieron mandándose cartas y viéndose a escondidas. Las demás chicas se volvieron locas al ver que el príncipe no reaccionaba cuando eran ellas las que mandaban las cartas, ni siquiera cuando se acercaban y le declaraban su amor abiertamente. Él se pasaba el día suspirando por el amor de la bruja, que lo había enamorado perdidamente.
Pasó un año más y un día, después de anunciar a sus padres que quería marcharse del reino para estudiar en el extranjero, su hermano desapareció, pero antes de irse le dejó una nota a su hermana diciéndole que se iba con la bruja a disfrutar de su amor, a donde quiera que éste le llevara. La princesa se alegró un tanto por su hermano, pero por otra parte sospechaba que la bruja la había engañado.
Pasó otro año y la sospecha que tenía se había convertido ya en una verdad para la princesa triste, y esto la hacía todavía más infeliz, pues había traicionado su confianza, y además se había llevado a su hermano. Al menos, pensó, él lo estaría pasando bien con ella.
Una noche, mientras dormía, sintió una leve presión en las piernas, y entreabrió los ojos. Al ver a la bruja sentada sobre ella pegó un respingo y se levantó de un salto, con los ojos como platos y el corazón a mil por hora. Después le subió la ira y se puso a despotricar contra la bruja:
- ¿Quién te crees que eres para haber tardado tanto? ¡Yo ya pensaba que me habías dejado en la estacada y te habías largado con mi hermano!
- Lo que tú pensaras no es mi problema, pues aquí estoy. No podía dejar a tu hermano con mi madre tan pronto, tenían que coger más confianza. Ahora mismo él está sentado en su salón viendo las telenovelas brujiles que ponen después de comer. Está enganchadísimo.
A la princesa se le pasó el enfado instantáneamente al imaginarse a su hermano sentado en un sofá, cogido al brazo de una bruja y llorando a moco tendido con las telenovelas.
- ¿Y ahora que hacemos?
- Pues para empezar hacer las maletas. No cojas mucha ropa de abrigo, a donde vamos hace mucho calor.
La princesa triste se vistió rápidamente y le anunció a la bruja que ya estaba lista para irse.
- Está bien, coge mi mano y cierra los ojos, puede ser que te marees un poco.
Y así, cogidas de la mano, aparecieron en la mitad del desierto. El cambio brusco de la temperatura dejó a la princesa fuera de combate durante los primeros minutos. Después se acostumbró.
Miró alrededor y se vio rodeada de lo que le parecieron a ella miles y miles de kilómetros de extensión de arena. Solo de pensar que le podría pasar si se perdía le dieron escalofríos.
También se oían unos tambores a lo lejos, marcando el ritmo de la música. La princesa no conocía ese sonido, de hecho, no conocía la música en ninguno de los sentidos. Nunca había escuchado el trino de los pájaros, ni el canto de la voz de los hombres ni el rasgueo de las cuerdas de una guitarra. Nunca.
Conforme se acercaban más y más a la fuente de la que procedía el sonido, mejor se sentía la princesa triste. Tanto fue así que cuando llegaron a la tienda donde se celebraba la fiesta, la princesa triste dejó de ser la princesa triste. Se quedó en princesa, incluso podría decirse que feliz.
Permaneció en esa tienda muchos, muchos días y aprendió que lo que le hacía ser infeliz era la ausencia de música en su vida.
El día que la bruja le dijo que debían regresar se atisbó en su rostro una sombra de la tristeza ya perdida. No quería volver a ese sitio de silencio monótono y aburrido después de haber conocido la música.
Le dijeron que la música estaba en todas partes, solo debía buscarla, y le regalaron la guitarra que la había estado acompañando.
Cuando volvió a su casa, todo estaba desolado. Sus padres estaban irreconocibles, consumidos por la pena, al ver que su querida hija había desaparecido. La princesa se acercó y les besó a ambos la frente mientras dormían, y así, a la luz de la luna que se colaba por la ventana, tocó para ellos, y tocó y tocó hasta quedarse dormida.
como véis, la historia no tiene final, cada uno puede pensar lo que quiera acerca de qué suceció con el príncipe y la bruja y acerca de si la princesa volvió a ser triste o no. ¿por qué no me contais vosotros a mí el final?
explicación: sé que es imposible que la muchacha no conociera la música pero es así, en su reino no había de eso.
- ¿Lo has pensado?
- Sí.
- ¿Y bien?
- Acepto.
- Lo haremos así: cuando yo consiga mi parte, te daré lo tuyo.
- ¿Y cómo sé que no me engañarás?
- Dime, niña, ¿qué otra opción tienes?
La princesa triste se quedó en silencio.
- Ya decía yo. Para conquistar el corazón de tu hermano tendremos que hacerlo a la manera normal. Te daré cartas para él y nos concertarás una cita.
- Todo esto me parece tan ridículo…
- Me da igual lo que te parezca, es lo que hay, he observado el mismo proceder en todas las chicas que han salido con él, y no voy a cambiar las maneras.
- Si es lo que piensas…
Durante más de tres meses estuvieron mandándose cartas y viéndose a escondidas. Las demás chicas se volvieron locas al ver que el príncipe no reaccionaba cuando eran ellas las que mandaban las cartas, ni siquiera cuando se acercaban y le declaraban su amor abiertamente. Él se pasaba el día suspirando por el amor de la bruja, que lo había enamorado perdidamente.
Pasó un año más y un día, después de anunciar a sus padres que quería marcharse del reino para estudiar en el extranjero, su hermano desapareció, pero antes de irse le dejó una nota a su hermana diciéndole que se iba con la bruja a disfrutar de su amor, a donde quiera que éste le llevara. La princesa se alegró un tanto por su hermano, pero por otra parte sospechaba que la bruja la había engañado.
Pasó otro año y la sospecha que tenía se había convertido ya en una verdad para la princesa triste, y esto la hacía todavía más infeliz, pues había traicionado su confianza, y además se había llevado a su hermano. Al menos, pensó, él lo estaría pasando bien con ella.
Una noche, mientras dormía, sintió una leve presión en las piernas, y entreabrió los ojos. Al ver a la bruja sentada sobre ella pegó un respingo y se levantó de un salto, con los ojos como platos y el corazón a mil por hora. Después le subió la ira y se puso a despotricar contra la bruja:
- ¿Quién te crees que eres para haber tardado tanto? ¡Yo ya pensaba que me habías dejado en la estacada y te habías largado con mi hermano!
- Lo que tú pensaras no es mi problema, pues aquí estoy. No podía dejar a tu hermano con mi madre tan pronto, tenían que coger más confianza. Ahora mismo él está sentado en su salón viendo las telenovelas brujiles que ponen después de comer. Está enganchadísimo.
A la princesa se le pasó el enfado instantáneamente al imaginarse a su hermano sentado en un sofá, cogido al brazo de una bruja y llorando a moco tendido con las telenovelas.
- ¿Y ahora que hacemos?
- Pues para empezar hacer las maletas. No cojas mucha ropa de abrigo, a donde vamos hace mucho calor.
La princesa triste se vistió rápidamente y le anunció a la bruja que ya estaba lista para irse.
- Está bien, coge mi mano y cierra los ojos, puede ser que te marees un poco.
Y así, cogidas de la mano, aparecieron en la mitad del desierto. El cambio brusco de la temperatura dejó a la princesa fuera de combate durante los primeros minutos. Después se acostumbró.
Miró alrededor y se vio rodeada de lo que le parecieron a ella miles y miles de kilómetros de extensión de arena. Solo de pensar que le podría pasar si se perdía le dieron escalofríos.
También se oían unos tambores a lo lejos, marcando el ritmo de la música. La princesa no conocía ese sonido, de hecho, no conocía la música en ninguno de los sentidos. Nunca había escuchado el trino de los pájaros, ni el canto de la voz de los hombres ni el rasgueo de las cuerdas de una guitarra. Nunca.
Conforme se acercaban más y más a la fuente de la que procedía el sonido, mejor se sentía la princesa triste. Tanto fue así que cuando llegaron a la tienda donde se celebraba la fiesta, la princesa triste dejó de ser la princesa triste. Se quedó en princesa, incluso podría decirse que feliz.
Permaneció en esa tienda muchos, muchos días y aprendió que lo que le hacía ser infeliz era la ausencia de música en su vida.
El día que la bruja le dijo que debían regresar se atisbó en su rostro una sombra de la tristeza ya perdida. No quería volver a ese sitio de silencio monótono y aburrido después de haber conocido la música.
Le dijeron que la música estaba en todas partes, solo debía buscarla, y le regalaron la guitarra que la había estado acompañando.
Cuando volvió a su casa, todo estaba desolado. Sus padres estaban irreconocibles, consumidos por la pena, al ver que su querida hija había desaparecido. La princesa se acercó y les besó a ambos la frente mientras dormían, y así, a la luz de la luna que se colaba por la ventana, tocó para ellos, y tocó y tocó hasta quedarse dormida.
como véis, la historia no tiene final, cada uno puede pensar lo que quiera acerca de qué suceció con el príncipe y la bruja y acerca de si la princesa volvió a ser triste o no. ¿por qué no me contais vosotros a mí el final?
explicación: sé que es imposible que la muchacha no conociera la música pero es así, en su reino no había de eso.
miércoles, 16 de enero de 2008
Un cuento
En la tierra de quien sabe donde, situada donde cristo perdió la chancla, vivía la princesa triste, con su hermano el príncipe, su madre la reina y su padre el rey.
Eran una familia normal, vivían y trabajaban como todo el mundo, el rey y la reina se ocupaban de los asuntos del estado, y sus hijos estudiaban en la escuela de la ciudad.
El príncipe era muy popular entre todas las chicas (y algunos chicos, pero no lo decían por miedo a las represalias) y siempre estaba rodeado de ellas. A él le encantaba ser el centro de atención. Siempre hacia lo imposible para ser el más guapo y el mejor vestido, le gustaba alardear del poder que tenía.
Su hermana, sin embargo, era todo lo contrario, le gustaba más pasar desapercibida y, de hecho, casi nadie sabía que ella era la princesa, pues nunca lo comentaba. La poca gente que la conocía decía de ella que era poco habladora, huraña y siempre encerrada en sus pensamientos, y, sobretodo, que estaba muy triste.
En efecto, la princesa se sentía muy triste porque sentía su vida vacía y carente de sentido, no había encontrado nada que hiciera que mereciese la pena vivir. Muchas veces se perdía por el pueblo, bajo una identidad falsa para buscar aquello que le hacía falta, pero nunca lo encontraba.
Un día de esos en el que fue a pasear se le hizo muy tarde y al cabo de un rato se quedo sola y a oscuras por las calles. Y tuvo miedo.
Echó a correr y de pronto oyó una voz detrás de ella…
- Sé lo que estas buscando, y yo puedo ayudarte
Se detuvo y miró hacia atrás pero no vio a nadie. Asustada echó a correr otra vez, pero algo se interpuso en su camino.
Se cayó de espaldas y miró desde abajo a la figura con la que se había tropezado. Era una bruja.
La princesa triste se quedó sin habla, contemplándola embelesada, era la primera vez que veía una bruja. Se levantó sin dejar de mirarla y la bruja volvió a hablar:
- No entiendo por qué has seguido corriendo después de haberte dicho que estoy dispuesta a darte una solución a tu problema. Eso es una soberana estupidez.
- A mí me han enseñado que a estas horas no se debe hablar con nadie por la calle, que es peligroso.
- Bah, eso son chorradas. Seguro que se trataba de gente a la que nunca ayudó una bruja.
- No lo sé, pero es lo que me enseñaron.
- ¿Siempre te crees lo que te dicen?
- Supongo que sí, no hay razón para desconfiar de la gente.
- ¡Ay, niña mía! Qué poco sabes del mundo, de verdad, debes salir de tu burbuja y conocer el mundo.
- Eso no es lo que corresponde a una princesa.
- No me extraña que estés tan triste, pensando de esa manera.
- Además, yo ya salgo del castillo y voy al pueblo sola.
- ¿Pero a que no has pensado en salir de las murallas?
- … no, nunca.
- Ése es justamente el problema. Mira, quiero que hagamos un trato, yo te ayudo a conseguir lo que quieres a cambio de que tú me ayudes a mí a conseguir lo que quiero.
- ¿Y cómo puedo ayudar yo a una bruja? Se supone que la magia la haces tú, si tu no puedes creo que yo tampoco.
- En los temas del amor no hay pócima que valga, somos tan normales como vosotros.
- ¿Amor? ¿Eso le preocupa a una bruja? Yo creía que vosotras no amabais.
- Mira, niña, tú no sabes nada, solo sabes lo que te han enseñado los cabezas huecas que tenéis como profesores, y ellos no saben nada. Las brujas necesitamos amar para sentirnos vivas. Si no seriamos tan inhumanos como cualquiera de esos monstruos que va por ahí comiendo niños y todo eso. Por ejemplo, ¿la historia de esos niños, Hánsel y Grétel? La bruja que se los iba a comer llevaba más de tres siglos sin echar un polvo, como ves, al cabo del tiempo una se vuelve un bicho.
- ¿Y no hay brujos?
- Oh, sí que los hay, y muy guapos, por cierto, pero se pasan el día encerrados haciendo potingues y con la nariz metida en los libros. Además ellos las prefieren humanas. Así que nosotras nos tenemos que conformar con lo que hay.
- ¿Y cuál es el chico?
- ¿Qué chico?
- Del que estás enamorada.
- Ah, pues mira, seguro que lo conoces, es tu hermano.
La princesa triste se echó a reír, no creía que hasta una bruja cayera en los encantos de su hermano el príncipe.
- No sé de qué te ríes, es muy guapo y encantador.
- Pero es tan, tan… no sé, es el chico al que todas quieren y todos quieren ser sus amigos y ser como él. Básicamente, es más tonto que una patata, muy banal. Sólo le importa su pelo, su ropa y su novia de la semana.
- Y si quieres que te ayude tienes que asegurarte de que yo sea su novia de la semana… que yo me encargaré de que sea por más tiempo…
- No quiero que le hagas daño a mi hermano.
- Puedes confiar en mí, nadie le hará más feliz que yo.
- Y cuando tú ya estés satisfecha, ¿qué harás con el?
- Cuando yo esté satisfecha, él será tan mayor que estará contento de poder estar a mi lado y que yo lo siga amando, porque mientras el sea viejo y decrépito yo seguiré teniendo este cuerpo.
La bruja se apretó los pechos y le guiñó un ojo. La princesa se dio por vencida, su hermano seria feliz con ella, eso seguro.
- ¿Y qué debo hacer? ¿Qué vas a hacer tú para ayudarme?
- Todo a su debido tiempo, mi niña. Dentro de tres días volveré a estar aquí a esta hora. Ven y lo aclararemos todo. Si no vienes daré por hecho que no quieres trato, pero no pasará nada, tu felicidad es decisión tuya.
- De acuerdo. Adiós.
Y tan rápido como vino, la bruja se fue.
la segunda parte en la próxima entrada (si veo que interesa el tema y tal)
Eran una familia normal, vivían y trabajaban como todo el mundo, el rey y la reina se ocupaban de los asuntos del estado, y sus hijos estudiaban en la escuela de la ciudad.
El príncipe era muy popular entre todas las chicas (y algunos chicos, pero no lo decían por miedo a las represalias) y siempre estaba rodeado de ellas. A él le encantaba ser el centro de atención. Siempre hacia lo imposible para ser el más guapo y el mejor vestido, le gustaba alardear del poder que tenía.
Su hermana, sin embargo, era todo lo contrario, le gustaba más pasar desapercibida y, de hecho, casi nadie sabía que ella era la princesa, pues nunca lo comentaba. La poca gente que la conocía decía de ella que era poco habladora, huraña y siempre encerrada en sus pensamientos, y, sobretodo, que estaba muy triste.
En efecto, la princesa se sentía muy triste porque sentía su vida vacía y carente de sentido, no había encontrado nada que hiciera que mereciese la pena vivir. Muchas veces se perdía por el pueblo, bajo una identidad falsa para buscar aquello que le hacía falta, pero nunca lo encontraba.
Un día de esos en el que fue a pasear se le hizo muy tarde y al cabo de un rato se quedo sola y a oscuras por las calles. Y tuvo miedo.
Echó a correr y de pronto oyó una voz detrás de ella…
- Sé lo que estas buscando, y yo puedo ayudarte
Se detuvo y miró hacia atrás pero no vio a nadie. Asustada echó a correr otra vez, pero algo se interpuso en su camino.
Se cayó de espaldas y miró desde abajo a la figura con la que se había tropezado. Era una bruja.
La princesa triste se quedó sin habla, contemplándola embelesada, era la primera vez que veía una bruja. Se levantó sin dejar de mirarla y la bruja volvió a hablar:
- No entiendo por qué has seguido corriendo después de haberte dicho que estoy dispuesta a darte una solución a tu problema. Eso es una soberana estupidez.
- A mí me han enseñado que a estas horas no se debe hablar con nadie por la calle, que es peligroso.
- Bah, eso son chorradas. Seguro que se trataba de gente a la que nunca ayudó una bruja.
- No lo sé, pero es lo que me enseñaron.
- ¿Siempre te crees lo que te dicen?
- Supongo que sí, no hay razón para desconfiar de la gente.
- ¡Ay, niña mía! Qué poco sabes del mundo, de verdad, debes salir de tu burbuja y conocer el mundo.
- Eso no es lo que corresponde a una princesa.
- No me extraña que estés tan triste, pensando de esa manera.
- Además, yo ya salgo del castillo y voy al pueblo sola.
- ¿Pero a que no has pensado en salir de las murallas?
- … no, nunca.
- Ése es justamente el problema. Mira, quiero que hagamos un trato, yo te ayudo a conseguir lo que quieres a cambio de que tú me ayudes a mí a conseguir lo que quiero.
- ¿Y cómo puedo ayudar yo a una bruja? Se supone que la magia la haces tú, si tu no puedes creo que yo tampoco.
- En los temas del amor no hay pócima que valga, somos tan normales como vosotros.
- ¿Amor? ¿Eso le preocupa a una bruja? Yo creía que vosotras no amabais.
- Mira, niña, tú no sabes nada, solo sabes lo que te han enseñado los cabezas huecas que tenéis como profesores, y ellos no saben nada. Las brujas necesitamos amar para sentirnos vivas. Si no seriamos tan inhumanos como cualquiera de esos monstruos que va por ahí comiendo niños y todo eso. Por ejemplo, ¿la historia de esos niños, Hánsel y Grétel? La bruja que se los iba a comer llevaba más de tres siglos sin echar un polvo, como ves, al cabo del tiempo una se vuelve un bicho.
- ¿Y no hay brujos?
- Oh, sí que los hay, y muy guapos, por cierto, pero se pasan el día encerrados haciendo potingues y con la nariz metida en los libros. Además ellos las prefieren humanas. Así que nosotras nos tenemos que conformar con lo que hay.
- ¿Y cuál es el chico?
- ¿Qué chico?
- Del que estás enamorada.
- Ah, pues mira, seguro que lo conoces, es tu hermano.
La princesa triste se echó a reír, no creía que hasta una bruja cayera en los encantos de su hermano el príncipe.
- No sé de qué te ríes, es muy guapo y encantador.
- Pero es tan, tan… no sé, es el chico al que todas quieren y todos quieren ser sus amigos y ser como él. Básicamente, es más tonto que una patata, muy banal. Sólo le importa su pelo, su ropa y su novia de la semana.
- Y si quieres que te ayude tienes que asegurarte de que yo sea su novia de la semana… que yo me encargaré de que sea por más tiempo…
- No quiero que le hagas daño a mi hermano.
- Puedes confiar en mí, nadie le hará más feliz que yo.
- Y cuando tú ya estés satisfecha, ¿qué harás con el?
- Cuando yo esté satisfecha, él será tan mayor que estará contento de poder estar a mi lado y que yo lo siga amando, porque mientras el sea viejo y decrépito yo seguiré teniendo este cuerpo.
La bruja se apretó los pechos y le guiñó un ojo. La princesa se dio por vencida, su hermano seria feliz con ella, eso seguro.
- ¿Y qué debo hacer? ¿Qué vas a hacer tú para ayudarme?
- Todo a su debido tiempo, mi niña. Dentro de tres días volveré a estar aquí a esta hora. Ven y lo aclararemos todo. Si no vienes daré por hecho que no quieres trato, pero no pasará nada, tu felicidad es decisión tuya.
- De acuerdo. Adiós.
Y tan rápido como vino, la bruja se fue.
la segunda parte en la próxima entrada (si veo que interesa el tema y tal)
sábado, 12 de enero de 2008
Resurrección
i can't pretend
choose how it ends
you slipped away
questions here to say
siento
escucho largo tiempo pero no llego a entender..
a tientas extiendo los brazos
intento tocar algo en la oscuridad
pero solo encuentro mi cuerpo
¿así que éste es?
hacia tanto tiempo que no lo tocaba..
ya habia olvidado que existia
¡incluso puedo verlo!
¿de dónde ha salido la luz?
empiezo a sentir frío
me abrazo a mí misma
pero mi piel y mis huesos poco pueden hacer
miro alrededor
solo veo azul
el azul del mar
me concentro en el agua y escucho...
empiezo a comprender...
i can't pretend
consumed by an end
try bend the rules
rips out the clues
comienzo a recordar..
mis mejillas se humedecen
ya no tengo frío
estoy llorando
de repente
en mi tranquilidad
algo falla
no entiendo qué es
lucho
lo intento de nuevo
empiezo a sentirme mal
mi alrededor se oscurece otra vez...
...y respiro
todo vuelve a estar bien
yo
el sonido
y ese olor a sal
in fear
in sorrow
in fear
in sorrow
las partes en ingles son de la canción con-science de MUSE
choose how it ends
you slipped away
questions here to say
siento
escucho largo tiempo pero no llego a entender..
a tientas extiendo los brazos
intento tocar algo en la oscuridad
pero solo encuentro mi cuerpo
¿así que éste es?
hacia tanto tiempo que no lo tocaba..
ya habia olvidado que existia
¡incluso puedo verlo!
¿de dónde ha salido la luz?
empiezo a sentir frío
me abrazo a mí misma
pero mi piel y mis huesos poco pueden hacer
miro alrededor
solo veo azul
el azul del mar
me concentro en el agua y escucho...
empiezo a comprender...
i can't pretend
consumed by an end
try bend the rules
rips out the clues
comienzo a recordar..
mis mejillas se humedecen
ya no tengo frío
estoy llorando
de repente
en mi tranquilidad
algo falla
no entiendo qué es
lucho
lo intento de nuevo
empiezo a sentirme mal
mi alrededor se oscurece otra vez...
...y respiro
todo vuelve a estar bien
yo
el sonido
y ese olor a sal
in fear
in sorrow
in fear
in sorrow
las partes en ingles son de la canción con-science de MUSE
miércoles, 9 de enero de 2008
un camino que comienza?
no se ni que hago aquí.. supongo que después de tanto leer y de acumular sensaciones, pensamientos e ideas por algun sitio tendría que explotar..
espero que esto no sea lo único que escriba, sino que el camino continúe...
rezo por que no sea la última vez
espero que esto no sea lo único que escriba, sino que el camino continúe...
rezo por que no sea la última vez
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
